Imagine ahora que conoce al amor de su vida haciendo una fila para entrar gratis al cine, una fila en la que sólo hay gente de cumpleaños, igual que usted, y que tiene el pensamiento fijo en la actual presencia y posterior ausencia de esa persona tan especial, impidiéndole esto pensar en acercársele para hablarle de lo que sea. Imagine que ella/él entra a ver otra película (Murphy, 1974), y que por muy temprano que termine la que veía usted, la que vio ella/él terminó antes porque era un cortometraje (Murphy, 1974). Usted sabe sólo dos cosas acerca de ella/él: 1) que es el amor de su vida y 2) que está de cumpleaños el mismo día que usted (i. ej. 7/11). ¿Qué hace? Supongamos que camina de vuelta a su casa, no se acuerda ni de cómo se llamaba la película que vio, que entra a una fuente de soda en Irarrázabal a comerse un completo porque le dio hambre y que entrando la/lo ve y no lo puede creer, pero sí, efectivamente ahí está, tomándose algo. Usted se alegra y piensa en acercársele, seguro/a de que el sentimiento es recíproco y esta seguridad hace que se de cuenta de que hasta ahora (precisamente ahora) no ha considerado la posibilidad de que ella/él ni siquiera lo/la haya visto en la fila. Esta duda hace que usted se acerque, pero temblando. Imagine que la/lo aborda y le dice algo. Aunque ella/él acceda a conversar, todavía falta mucho y en tanto puede usted enterarse de que ella/él tiene pareja, anillo e hijos como darse cuenta de que en realidad no era para tanto y desilusionarse mucho. Supongamos que ninguna de estas dos cosas pasa sino que todo lo contrario, y que encima ella/él se muestra interesada/o en seguir la conversación en otro lugar más intimo y menos luminoso (pub, café, su casa, la casa de ella/él, una esquina cerca, un bosque, la playa, estacionamientos subterráneos, un auto, otro planeta, etc.). Usted también. Imagine que ninguna de las innumerables cosas, procesos o personas que podrían afectar el desenlace de la historia –para mal– pasa, y el desenlace está tan bueno que se muere de ganas de contárselo a –literalmente– todo el mundo. Imagine que soñó todo esto anoche. Imagine que hoy es su cumpleaños y que NO va a poder ir al cine gratis porque tiene que entrevistar a un señor que no conoce para terminar un informe que dejó para último momento. Bienvenido a mi lunes siete de noviembre del 2005 a las 7:38 AM.
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